2º DOMINGO/TEMPO COMUM - ANO C

 

Isaías 62:1-5 – Ahora “mi deseo es para “la casada"                                                            Salmo 36:5-10 – Yavé es como la fuente de vida y de luz                                                1Corintios 12:1-11 – Los dones o regalos del Espíritu Santo en  la comunidad                      Juan 2:1-11 –  Se recordaban en la celebración de la Epifanía

 

[O responsável pelos textos deste site* estará em recesso durante as próximas semanas; todos os textos semanais que serão publicados, porém, conferem com o Lecionário do Manual do Culto, Pendão Real/IPI, Brasil; Retiramos os comentários das seguintes fontes: Isedet-Instituto Universitário-Argentina; Servicio Bíblico Latinoamericano/Agenda Latinoamericana/ Selah – Red de Liturgia CLAI].

 

El Salmo 36:5-10 es un canto de alabanza por el gran amor y justicia de Yavé, que mantiene las diversas formas de vida (v. 6 según Reina-Valera 95), y extiende su misericordia y justicia a todos los rectos de corazón (v. 10). El v. 9 presenta a Yavé como la fuente de vida y de luz, y este motivo se puede relacionar con el tiempo de epifanía.

Isaías 62:1-5 es un hermoso poema que describe la manifestación de la misericordia y la fidelidad de Yavé a través de la extraordinaria resurrección de Jerusalén, destacando en ella el resplandor de justicia y la luz de salvación. En este caso la ciudad de Jerusalén se podría entender también como una representación del pueblo y su tierra, y se utiliza la metáfora del matrimonio para describir la relación de Dios con su pueblo. La resurrección de Jerusalén también se refleja en el cambio de apodos; la que antes era llamada “abandonada” y “desolada”, ahora se llama “mi deseo es para ella” y “la casada” (para un mayor desarrollo sobre Isaías 62:1-5 ver EEH 46, 18 Ene 2004).

1 Corintios 12:1-11 enfoca el tema de los dones o regalos del Espíritu Santo en el contexto de la comunidad de fe. Teniendo en cuenta la metáfora del cuerpo se trata de comprender la diversidad de dones y ministerios, en el marco de la unidad en el Espíritu y en el Señor. Uno de los versículos claves es el 7 donde se afirma que cada uno y cada una recibe la manifestación del Espíritu para el bien de toda la comunidad (para un mayor desarrollo sobre 1 Corintios 12:1-11 ver EEH 3, 11 Jun 2000).

Juan 2:1-11 - Es el relato de la transformación del agua en vino durante una fiesta de casamiento en Caná de Galilea, donde estaban presentes la madre de Jesús (Maria es discipula preferida...), Jesús y sus discípulos. Este es uno de los tres milagros que se recordaban en la celebración de la Epifanía, pues se presenta como la primera aparición pública de Jesús, el principio de las señales y el comienzo de la manifestación de su gloria (ver Jn 2:11). Este relato es a su vez anticipado por el testimonio de Juan el Bautista (ver Jn 1:19-34), y el encuentro con los primeros discípulos (ver Jn 1:35-51).

Es significativo que el escenario de esta primera señal del ministerio público de Jesús sea un pequeño pueblito de Galilea, lejos de Jerusalén y del Templo, y que cuando Jesús viene a Jerusalén para la celebración de la Pascua (ver el texto que sigue, Jn 2:13-25), se encuentra con un panorama difícil que lo lleva a enfrentarse con los responsables del Templo que lo habían transformado en un mercado (vv. 13-22), y donde sentía cierta desconfianza e inseguridad (v. 24).

La ocasión y el motivo de esta primera “señal” (semeia = “signo”), es el término que prefiere el Evangelio de Juan para hablar de los milagros y maravillas realizados por Jesús desde el v. 2:11 en adelante) realizada por Jesús también tiene un matiz particular que la diferencia de las muchas otras señales y maravillas que realizó el maestro en otras ocasiones: “se terminó el vino en el medio de la fiesta” (v. 3). Aquí no había nadie enfermo, ni oprimido por el diablo, y parece que tampoco faltaba comida, simplemente se había terminado el vino. No se aclara cuáles eran los motivos de esta situación, quizás vino más gente de la esperada, quizás los organizadores no calcularon bien, quizás los invitados y las invitadas tomaron mucho, pero la cuestión es que una fiesta sin vino no parece una fiesta completa.

En el relato de la bodas de Caná, la que observa que se quedaron sin vino fue la madre de Jesús, y fue a decirlo a su hijo (v. 3). La madre de Jesús probablemente estaba allí colaborando con la organización de la fiesta, pues el texto no dice que haya sido invitada como Jesús y sus discípulos. El lenguaje del relato es sugerente. La madre de Jesús no le pide nada a su hijo, ni siquiera algo de dinero para ir a comprar vino, solo le cuenta la situación; y por otro lado, la respuesta de Jesús, aunque evasiva, acusa recibo de lo que se espera. La situación se resuelve en el versículo siguiente (v. 5), allí está el nudo o punto de inflexión del relato; y dicha resolución viene por la iniciativa y decisión de la madre de Jesús que se dirige no a Jesús, sino a los que servían para decirles que “hagan lo que él les diga”.

El abundante y buen vino ofrecido por Jesús que se sirve al final, vendría a ser como un don escatológico del Mesías. Ya en el Antiguo Testamento (ver en la versión RV, Gn 49:11-12; Am 9:13; Os 2:22; Joel 3:18; Jer 31:5), y también en otras tradiciones judías tardías, la abundancia de vino (juntamente con el aceite y la leche) es signo del tiempo de salud y bendición.


Sugerencias para la predicacion:

Conviene tener en cuenta que el contexto de una fiesta de casamiento evoca el tema de la Alianza. Por ejemplo, la cena del Señor o eucaristía recrea el tema de la Nueva Alianza, donde el vino representa la sangre de Cristo. Se podría reflexionar y tratar de discernir acerca de los tiempos y la hora, las señales y signos que revelan la presencia de Jesús y su salvación para la humanidad en nuestros días. Recordar que las señales o signos siempre remiten a otra cosa. ¿Qué sería esa otra cosa?

También el relato de Jn 2:1-11 nos invita a pensar en la fiesta y la alegría. ¿Cómo son nuestras fiestas? ¿Tenemos clima de fiesta en nuestra comunidad? ¿Experimentamos la novedad del evangelio como una fiesta? ¿Cómo se manifiesta esto en nuestra vida cotidiana y en nuestras reuniones?

La fiesta es sinónimo de alegría, y el vino es un ingrediente que invita a la gente a soltarse y manifestarse. El vino, el banquete, la fiesta, la alegría, la música y la danza, siempre andan juntas, y representan un aspecto de la vida que va más allá de tener cubiertas las necesidades básicas de alimentación y salud, representan la felicidad, la libertad de espíritu y el bienestar pleno; y esto es un aspecto esencial de la vida y de la “buena noticia” del Evangelio. También en el Antiguo Testamento se utiliza recurrentemente el motivo del vino relacionado con la alegría (ver Sal 104:15, Is 55:1, Zac 10:7), y frecuentemente Yavé aparece no solamente como el que asegura la vida, sino también la alegría de su pueblo.

La fiesta también es un espacio donde se achican diferencias y donde pueden estar lado a lado mujeres, varones, niños y ancianas, ricos y pobres, profesionales y obreros, intelectuales y analfabetos, extranjeros y locales, blancos, negros, indígenas, mestizas y criollos. La fiesta en sí misma es una manifestación (“epifanía”) de la gracia, de la abundancia y la generosidad, lo contrario a la acumulación y las pretensiones controladoras. La fiesta exorciza los malos espíritus y anima a dejar de lado por un tiempo los problemas y carencias. Por estas razones, el motivo del banquete o la fiesta es utilizado frecuentemente en la tradición bíblica como metáfora del Reino de Dios (ver Is 25:6; Mt 8:11ss; 22:2-10; Lc 14:15-24. La gracia, asi, relacionado con la alegría, aborda el tema de que “ser optimista alarga la vida”, y propone la conocida prueba del vaso con líquido hasta la mitad; pero si el vaso tiene vino Clemente, Padre de la Iglésia Antigua, lo ve medio vacío, y si tiene agua lo ve medio lleno; casi lo mismo que en el relato bíblico donde sobra agua y falta vino.

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(Cf. Servício Bíblico Latinoamericano - 2o. Domingo - Tiempo Ordinário;

ISEDET -  Instituto Universitario – Argentina – Instituto Superior Ecumênico de Estudos Teológicos).                                                                                                                                       

*Responsável pela pesquisa: Derval Dasilio

 

 

  

       


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